Por disposición regional, catorce instituciones educativas de La Libertad dejaron atrás su denominación numérica. En Ake, caserío rural y centro arqueológico de Santiago de Chuco, el cambio tuvo un valor particular: la comunidad educativa eligió rendir homenaje a Zacarías Ismael Pérez Calderón, docente e investigador de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga (UNSCH), por su contribución al estudio de la antigua ciudad precolombina de la zona.

Una resolución directoral del Gobierno Regional de La Libertad abrió un nuevo capítulo en la historia de catorce instituciones educativas públicas de la provincia de Santiago de Chuco. La disposición permitió que esos planteles dejaran atrás sus antiguas denominaciones numéricas para asumir nombres de ciudadanos cuya vida y obra han dejado una huella significativa en sus comunidades.

Entre esos casos destaca el del caserío de Ake, ubicado a cuatro horas de Trujillo por la ruta de Chao. Allí, el cambio adquirió un sentido particular: la institución educativa antes identificada con el número 81665 lleva ahora el nombre del arqueólogo y docente de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga (UNSCH), Zacarías Ismael Pérez Calderón, en reconocimiento a una trayectoria dedicada al estudio y la valoración del patrimonio local.

Nacido en Cachicadán, en la provincia liberteña de Santiago de Chuco, y formado en la Universidad Nacional de Trujillo, Pérez Calderón es actualmente candidato al grado de doctor en Ciencias Sociales, con especialidad en Antropología. Durante décadas recorrió las cumbres de su tierra natal, investigando vestigios que hoy permiten comprender la dimensión histórica del cerro tutelar que los escolares de Ake visitan con frecuencia, según señalaron los miembros de la comunidad educativa que impulsaron la nueva denominación.

Ake: Distribución de estructuras o muros que forman parte de un conjunto habitacional. Foto: Ismail Pérez

Señal Acque: El descubrimiento de una metrópoli

Durante su inventario arqueológico en la sierra liberteña, Pérez Calderón identificó, estudió y cartografió el complejo de Señal Acque, también conocido como Ake, ubicado a 3,827 metros sobre el nivel del mar. Sus hallazgos permitieron establecer que no se trataba de un asentamiento menor, sino de un imponente centro urbano que alcanzó su apogeo durante el periodo de los Desarrollos Regionales.

Chullpa, estructura funeraria precolombina ubicada en el centro arqueológico de Ake, en Santiago de Chuco, La Libertad. Foto: Ismael Pérez

Según las publicaciones del investigador, el trabajo de campo documentó un área nuclear de 500 metros de largo por 200 metros de ancho, coronada por arquitectura monumental. Los vestigios revelaron edificaciones de hasta tres pisos, con recintos organizados mediante calles, callejones y pasadizos, evidencia de una traza urbana planificada.

La investigación también permitió conocer las estrategias de ocupación y manejo del entorno. Pérez Calderón registró extensas terrazas agrícolas en el flanco oriental del cerro y estanques circulares en el lado sur, construidos para captar y almacenar filtraciones naturales de agua. Asimismo, documentó sectores funerarios de alta jerarquía, como el conjunto de «La Capilla Norte», compuesto por chullpas amuralladas, ornamentadas y provistas de techos abovedados.

Estructura funeraria precolombina ubicada en el centro arqueológico de Ake. Foto: Ismael Pérez

Un legado vivo

La investigación sobre Acque forma parte de una amplia trayectoria intelectual que supera las 150 publicaciones. El inventario y análisis de esta metrópoli andina quedaron reunidos en uno de sus libros más relevantes: Patrimonio Cultural del Perú: Monumentos Arqueológicos de Santiago de Chuco – La Libertad, obra de 379 páginas publicada en 2012 por Concytec y considerada una referencia para el estudio arqueológico de la provincia.

Su producción académica también se extiende al estudio del primer gran imperio andino en la sierra centro-sur. Entre sus obras figura Huari, misteriosa ciudad de piedra, publicada en 1999 por la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, donde aborda la complejidad urbana, arquitectónica y cultural de la antigua capital huari.

Edificio de planta cuadrangular, con piedras salientes que indican que tuvo tres niveles o pisos; por eso se le denomina “rascacielos andinos” – Ake. Foto: Ismael Pérez

Para los docentes, la nueva denominación de la Institución Educativa 81665 Zacarías Ismael Pérez Calderón, que el próximo 8 de julio celebrará su 42.º aniversario con la presencia del propio investigador, representa mucho más que un cambio de nombre: es una forma de gratitud hacia quien ayudó a revelar el pasado escondido entre los cerros de Ake.

En este caserío rural de la sierra liberteña, los estudiantes observan cada día, desde el patio del colegio, el mismo paisaje que Pérez Calderón recorrió y aprendió a descifrar con paciencia de arqueólogo. Por eso, este homenaje en vida no solo reconoce su aporte académico; también convierte su ejemplo en una lección de identidad para las nuevas generaciones.

Con este gesto, Ake celebra a un hijo de Santiago de Chuco que sigue contribuyendo al estudio y defensa del patrimonio andino. Es, en suma, un acto justo, necesario y profundamente humano, nacido de una comunidad que decidió inscribir su memoria en el nombre de su escuela.

Punto y aparte: Huari, misteriosa ciudad de piedra

Pero Ake no fue el único territorio arqueológico al que Ismael Pérez Calderón dedicó su mirada. Su labor se extendió a muchos otros espacios del antiguo Perú, entre ellos Huari, antigua capital del primer imperio andino, desarrollada en Ayacucho entre los siglos VII y XI d. C.

En su libro Huari, misteriosa ciudad de piedra, Pérez Calderón analiza la complejidad urbana, arquitectónica y cultural de esta ciudad, surgida sobre la base de la cultura Huarpa. La obra destaca sectores emblemáticos como Vegachayoc Moqo, Monqachayoc y Cheqo Huasi, donde se evidencian espacios ceremoniales, galerías subterráneas, cámaras funerarias y formas arquitectónicas asociadas a la organización política y religiosa de la sociedad huari.

El estudio también resalta la importancia de Huari como centro de producción alfarera, desarrollo hidráulico y arte textil. Asimismo, aborda aspectos físicos y sociales de sus antiguos pobladores, entre ellos la deformación craneana, la buena nutrición y lesiones vinculadas a una intensa actividad militar.

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